Historias basadas en hechos reales. Evitar reclamaciones de terceros

Con toda seguridad, ya sea en libros, en alguna película o serie de televisión, más de una vez habrás leído en sus créditos y en distintas modalidades, un aviso que nos advierte que los hechos y personas referidos en la historia son totalmente ficticios: “Cualquier parecido con la realidad es pura coincidencia”.

Prevención

Dicha leyenda, dejando al margen su sentido irónico —que lo tiene—, pretende conjurar las reclamaciones que pudieran realizar terceros que por razón de los sucesos, personas, hechos y lugares identificados en la obra, sintieran vulnerados sus Derechos. Conjura, que cuando no es cierta, resulta poco útil.

Historias basadas en hechos reales

En el lado contrario, y con cierta intención de prestigiar el relato, se utiliza la coletilla “Historia basada en hechos reales”. La magnífica serie de televisión Fargo, estrenada por FX Netwoks (una hijuela de la cadena de tv FOX) en abril de 2014, comienza cada uno de sus capítulos con el mismo aserto “This is a true history”, lo que además de falso, no deja de ser un guiño a la serie de la HBO (Home Box Office es uno de los canales de televisión por cable y satélite más populares de Estados Unidos), estrenada unos meses antes “True Detective”.

Pero ciertamente lo de “Esto es una historia real” te hace ver la serie a partir de dicha advertencia. Naturalmente, los protagonistas de los hechos o de las historias basadas en hechos reales que sirven de base para el argumento de una película, de un libro, de una serie de televisión e incluso también de la letra de una canción, no son dueños de los hechos que les suceden ni en relación a los mismos se genera ningún derecho de propiedad intelectual.

Propiedad intelectual

Recordemos que la propiedad intelectual protege todas las creaciones originales, atribuyendo a sus autores ciertos derechos sobre la obra. Para entendernos: en el caso de una historia, la propiedad intelectual protegería la descripción de los hechos, el cómo fue contada la historia, la manera peculiar en la que los hechos nos fueron transmitidos, pero no los hechos sucedidos en sí mismos puesto que no son fruto de la creatividad humana sino del devenir de la realidad.

No obstante, si bien —tal y como hemos dicho—, lo sucedido no es propiedad de nadie, sus protagonistas o las personas que intervinieron en los hechos sí pueden ver vulnerados sus derechos personalísimos, especialmente cuando no se trata de personajes públicos.

Derecho al honor, intimidad y propia imagen

Los derechos fundamentales al honor, a la intimidad y a la propia imagen reconocidos en el art. 18.1 CE forman parte de los bienes de la personalidad, derivados de la dignidad de la persona humana reconocida por nuestra Constitución y los Tratados Internacionales.

Honor

El derecho al honor protege la valoración que de la persona en cuestión se tenga en su ámbito personal o social. Pueden ser titulares del derecho al honor las personas físicas y las personas jurídicas.

Intimidad

En general, La intimidad se define como un ámbito propio y reservado de las personas frente a la acción y conocimiento de los demás. La Intimidad que se extiende no sólo a aspectos de la vida propia y personal, sino también a determinados aspectos de la vida de otras personas con las que se guarda una especial y estrecha vinculación, pues ciertos eventos que puedan ocurrir a padres, cónyuges o hijos tendrán normalmente, dentro de las pautas culturales de nuestra sociedad, tal trascendencia para el individuo, que su indebida publicidad o difusión puede incidir directamente en la propia esfera de su personalidad.

Propia imagen

Por último, el derecho a la propia imagen atribuye a su titular la facultad de disponer de la representación de su aspecto físico que permita su identificación, otorgándole tanto el derecho a determinar la información gráfica generada por los rasgos físicos que le hagan reconocible que puede ser captada o tener difusión pública, como el derecho a impedir la obtención, reproducción o publicación de su propia imagen por un tercero no autorizado. Este derecho incluye también la voz y el nombre de las personas.

El derecho a impedir la publicación de la propia imagen también incluye la voz y el nombre Clic para tuitear

Intromisiones ilegítimas

En lo que atañe al objeto de nuestro comentario, la Ley Orgánica de protección civil del derecho al honor, a la intimidad personal y familiar y a la propia imagen, establece que tendrán la consideración de intromisiones ilegítimas de estos derechos:

“La divulgación de hechos relativos a la vida privada de una persona o familia que afecten a su reputación y buen nombre, así como la revelación o publicación del contenido de cartas, memorias u otros escritos personales de carácter íntimo.”;

así como:

“La revelación de datos privados de una persona o familia conocidos a través de la actividad profesional u oficial de quien los revela.”.

Además de:

“La utilización del nombre, de la voz o de la imagen de una persona para fines publicitarios, comerciales o de naturaleza análoga.”

Y por último:

“La divulgación de expresiones o hechos concernientes a una persona cuando la difame o la haga desmerecer en la consideración ajena”.

Naturalmente, las circunstancias noticiosas de un hecho o la notoriedad de su protagonista hacen que el listón de estas intromisiones sea más flexible.

Lo noticioso, relevante o singular

Parece conveniente recordar que normalmente los hechos merecedores de un relato, de un guion o inspiradores de cualquier obra, lo son precisamente porque han sido noticiosos, relevantes o singulares, al menos en la comunidad en la que se han desenvuelto sus protagonistas, por lo que es muy fácil reconocer de forma directa o indirecta a los mismos.

Posibilidad de ser conocido

La recognoscibilidad (posibilidad de ser conocido) de una persona, al poder afectar a valores constitucionales como son la protección del honor, de la intimidad y de la propia imagen, debe entenderse de una forma amplia, de tal manera que para reconocer a una persona no es necesario que se utilice directamente su nombre o su imagen.

Evidentemente se puede reconocer a una persona simplemente por los hechos y circunstancias de su vida o de su personalidad que sean sobradamente conocidos por terceros. En el caso de personajes notorios o conocidos, cualquiera medianamente informado de los acontecimientos de la actualidad podrá identificar al personaje sin nombrarlo.

Basta la recreación de un contexto evocador de la historia real de una persona para que pueda identificarse. Y si la historia recibió en su día especial atención de los medios de comunicación, más aún.

Autorización expresa

Con frecuencia, con el fin de evitar reclamaciones por parte de las personas implicadas en los eventos “inspiradores” de obras basadas en hechos reales, suele tomarse la prevención de solicitar la autorización expresa de cada uno de los personajes implicados en la misma. Especialmente cuando sus protagonistas no son personajes públicos.

Igualmente, en el caso del mundo del cine, cuando los hechos tenidos en cuenta lo son a partir de las noticias que de los mismos se han hecho eco los medios de comunicación o los propios periodistas, se suele recabar su autorización con la finalidad de contar con la ayuda de quien conoce más en profundidad sobre los sucedido, sus personajes y circunstancias, ya que lo impreso suele ser una pequeña parte del todo el trabajo realizado en relación a una historia o historias basadas en hechos reales.

Cuando la autorización del personaje no es posible, por la razón que sea, lo procedente es ficcionar la realidad, modificando identidades, el género de los protagonistas, su número y edad, creando otras circunstancias de ficción que hagan irreconocibles a los personajes, etcétera.

Cuando la autorización del personaje no es posible, lo prudente es ficcionar la realidad Clic para tuitear

Docu-dramatización

Naturalmente, habrá ocasiones en las que no proceda ficcionar una historia porque precisamente se trate de contar determinados hechos reales en relación con los que fueron sus personajes protagonistas en la realidad (docu-dramatización) o porque a pesar del esfuerzo en convertir en ficción los hechos reales, sus protagonistas aún sean reconocibles e identificables por el público.

En esos supuestos, surge el conflicto entre derechos fundamentales. El derecho a la libertad de expresión, también fundamental y limitado en el respeto a otros derechos fundamentales tales como el derecho al honor, el de la intimidad de las personas y el derecho a la propia imagen. Conflictos entre lo reservado al conocimiento de los demás y el ámbito de lo público, que resulta del interés de la formación de una opinión pública libre como valor fundamental para el funcionamiento de una sociedad democrática.

Derecho prevalente

En tales circunstancias, la determinación del derecho prevalente se establecerá a partir de la ponderación de los bienes e intereses en juego en cada caso concreto. Por ejemplo, la intimidad prevalecerá cuando el ejercicio de la libertad de expresión se ejercite en relación a conductas privadas carentes de interés público, innecesarias para la formación de una opinión pública libre y plural, incluso tratándose de personas conocidas o relevantes.

También será objeto de ponderación si los hechos recogidos en la obra ya fueron conocidos y divulgados por los medios de comunicación, la veracidad del relato, etcétera. En esta ponderación, cuando hay menores implicados priman los derechos del menor que se irradian sobre el resto de circunstancias.

Recomendación

Si has creado una obra basada en hechos reales, o pretendes explotarla como productor o editor de la misma, lo prudente, es recabar la autorización de sus protagonistas reales. Si dicha autorización no es posible, “ficcionariza” la realidad hasta el punto de que los personajes no sean identificables.

Si has creado una obra basada en hechos reales, recaba la autorización de sus protagonistas Clic para tuitear

Si no procede la conversión en ficción de la realidad, porque simplemente se quiere contar una historia tal cual sucedió, la ponderación de los intereses en juego a los que hemos hecho referencia puede darte pistas de la prevalencia de unos derechos fundamentales en juego sobre otros y ayudarte a modular el alcance y existencia de posibles intromisiones ilegítimas en los derechos fundamentales de las personas que vivieron esos hechos.

En cualquier caso y luego de que te hayas asegurado haber creado evidencias de la autoría o titularidad de los derechos de propiedad intelectual sobre el relato creado (Safe Creative es una opción), cuando haya perspectivas de explotación de dicha obra, hablar con tu abogado no será mala idea.

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