Entradas

Sorpresas en el Testamento y su posterior Impugnación

Para muchas familias comienza un verdadero calvario tras el fallecimiento de un ser querido. El testamento, la aceptación y adjudicación de bienes se convierten, en gran parte de ocasiones, en fuente de conflictos.  Resulta bastante habitual escuchar conversaciones entre amigos donde sale a la palestra frases como “¿tienes relación con tus hermanos?, ¿Aún no han partido la herencia, verdad?”, por desgracia es común que toda relación marche bien hasta que haya dinero o bienes de por medio a repartir. Se trata de una situación familiar que nace tras el fallecimiento “generalmente” de los progenitores y de cara al reparto de herencia, hervidero de problemas de fácil solución si se toman medidas preventivas tendentes a evitar el famoso “conflicto de herederos”.

Cuando decidamos otorgar testamento a fin de regular la sucesión hereditaria, deberemos tener en cuenta y valorar la posibilidad de incluir cláusulas dirigidas a evitar ese tan temido conflicto, pues la práctica diaria demuestra que no hay nada que rompa más familias que la propia herencia.

En testamento, se refleja la voluntad de la persona sobre la forma de distribución de su patrimonio, y claro, puede que llegado el momento alguno de sus sucesores no muestren conformidad con el reparto efectuado en vida por el causante, momento en el que se plantean la impugnación del documento.

Debemos tener en cuenta que, para impugnar un testamento debe existir una base, es decir, una razón material que haga factible el interés del heredero, pensemos por ejemplo, en el testador que tiene reducidas sus facultades mentales , en el testamento otorgado mediando coacciones y amenazas o en el testamento que omite requisitos de forma establecidos en la ley.

La Sala de lo Civil del Tribunal Supremo ha fijado recientemente doctrina sobre la inclusión de disposiciones testamentarias dirigidas a prohibir una actuación judicial de los herederos contra lo dispuesto por el testador (impugnación del testamento), sancionando el incumplimiento de la condición con la reducción de la legítima.

La reseñada resolución sienta jurisprudencia, dictada en un procedimiento que tenía como base un testamento donde se incluía una disposición que prohibía la impugnación posterior del documento por alguno de sus herederos. Hasta la fecha la jurisprudencia no había sido clara al respecto, llegando a plantearse cuestiones sobre la posible ilicitud de esta cláusula.

A la vista de lo anterior, parece que la cuestión ha quedado resuelta, pues como establece el Tribunal “sólo aquellos contenidos impugnatorios que se dirigen a combatir el ámbito dispositivo y distributivo ordenado por el testador son los que incurren frontalmente en la prohibición y desencadenan la atribución de la legítima estricta, como sanción”. En cambio, aquellas impugnaciones dirigidas a denunciar irregularidades escapan de la sanción, lógico, pues un documento con defectos u omisiones insubsanables, atendiendo a la normativa reguladora, carece de plena validez jurídica y por tanto, resulta impugnable.

Limitar la impugnación judicial del testamento a los futuros herederos incluyendo cláusulas como la reseñada es una buena opción para impedir que se generen conflictos llegado el momento de la partición, pues como bien dice el refrán “el que deja herencia, deja pendencias”